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2006-05-04
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Reconocimiento del gobierno ruso a periodistas chilenos
AQUÍ, RADIO MOSCÚ: ¡ESCUCHA, CHILE!

El jueves 27 de abril en el Centro Cultural de Rusia en Chile, calle Ejército 57, ex Instituto Soviético de Cultura, un numeroso grupo de periodistas chilenos que trabajaron durante la dictadura de Pinochet en los programas “Escucha Chile” y “Radio Magallanes” de Radio Moscú fueron reconocidos por el jefe de las emisiones en castellano de la emisora estatal rusa “La Voz de Rusia”, Leonard Kósichev, y su colaboradora Valentina Zlóbina.

A continuación extracto de nota publicada por una de las condecoradas por el gobierno ruso la periodista y escritora Virginia Vidal, en su web http://virginia-vidal.com.

José Miguel Varas dirigió durante quince años el equipo de periodistas chilenos que trabajó para Chile en la Radio Moscú en los programas “Escucha Chile” y “Radio Magallanes”. Él inició esta tarea junto con Eduardo Labarca.

Las transmisiones de Radio Moscú a Chile se iniciaron una semana después del golpe: el 18 de septiembre de 1973, por iniciativa del gran periodista soviético Babkén Serapioniánts, y fueron oídas en Isla Dawson, en cada lugar que tenía recluidos a los “prisioneros de guerra” de Pinochet y en la mayoría de los hogares chilenos donde se tomaban medidas extremas para estas audiciones clandestinas.

En los pasillos y ascensores de la radio vi desplazarse a chilenos de todas las tiendas políticas que acudían ahí como a un centro de esperanza. Vi a Máximo Pacheco, a Enrique Correa, a unos cuantos personajes que hoy pertenecen a la concertación.

Pese a que durante todos estos años en democracia se ha querido rebajar la importancia de esa inmensa labor solidaria que contribuyó en alto grado a organizar la lucha contra la dictadura, aun han pretendido olvidarla, ahora surge desde la misma Rusia el reconocimiento que Chile le ha negado a los periodistas dedicados en alma y vida a la lucha contra la dictadura de Pinochet.

Yo trabajé en la Radio Moscú en 1979. Los meses transcurridos en la radio como redactora y locutora, bajo el nombre de Minaya Díaz fueron una experiencia de riqueza incalculable..

Cuando me incorporé, comencé a ir a diario al inmenso edificio ubicado en calle Piátnitskaia, para lo cual me bajaba en la estación del metro Novokuztnétskaya. Entraba en la sala de redacción y me ponía en órbita al ver el reloj de pared con la hora de Chile. En un pedestal estaba abierto el Diccionario de la RAE; a un lado, un montón de diarios y revistas chilenas que se leían de modo tan minucioso que no se escapaban ni los avisos económicos. Integraban el equipo Ligeia Balladares, Marcel Garcés, Miguel Gómez, Eduardo Labarca, René Largo Farías, Guillermo Ravest, José Secall. En las reuniones de pauta participaba Orlando Millas. Imposible olvidar a ese gran amigo que fue Hernán Rodríguez Molina. El poeta ruso Guennadi Spersky colaboraba en el equipo. Locutora admirable era Katia Olevskaia, la mejor y más solidaria de las amigas, considerada por millares de compatriotas que oían de modo clandestimo la “Mosca”, como la novia de Chile.

Para mí, fue el feliz reencuentro con varios de mis compañeros de “El Siglo”: Ligeia, Marcel, Miguel, el Guayo Labarca, Guillermo. Con René Largo Farías, compartí la oficina, adonde llegaba su hermana Iris, esposa de José Miguel Varas, quien silenciosa y veloz preparaba el boletín diario para la dirección del Partido Comunista de Chile.

Para mí, fue un honor ser invitada a hablar con el jefe de la Redacción Latinoamericana de la Radio, Babkén Serapioniánts, quien me dijo que unos trabajos mío quedarían grabados en el archivo de oro de la Radio (creo que fue un reportaje dedicado a Víctor Jara y otro, a la vida de Lenin). Chile le debe a este hombre su iniciativa solidaria de poner varios programas radiales cotidianos al servicio de la causa patriótica chilena. Por desgracia, Babkén falleció en 1987 y no pudo saber del fin de la tiranía ni de la detención de Pinochet en Inglaterra, no por iniciativa del gobierno de Chile.

De ahí, partí a Venezuela como corresponsal permanente, hasta 1987. Yo trabajé para pagar mi corresponsalía. Varias veces a la semana, en ocasiones, a diario, partía de mi trabajo a la Agencia TASS para despachar mis crónicas. Cuando me quitaron la “L” del pasaporte volví a Chile (no olvidaré jamás esos días: una semana antes de la Operación Albania). En algún desván de Caracas quedaron guardadas las copias de los cables que yo enviaba: ¡eran rollos de metros y metros de largo que se fueron acumulando en esos años!

Desde todas partes del mundo mandábamos libros para esa sección estupenda que se llamó "Crónicas de los libros y la cultura", a cargo de Varas y Labarca, que permitió estar al día en el acontecer cultural, en la actividad creadora, en el trabajo literario de los chilenos dentro y fuera de Chile. Toda esa labor contribuyó en el mundo entero a la presencia permanente de nuestros artistas, escritores, intelectuales e impulsó en alto grado a la solidaridad con nuestro pueblo.



atv (G-80)

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