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2012-05-20
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Zurdos no diestros:
KULTURA ALTERATIVA ES SU PROPUESTA

El escultor, Lautaro Labbé,  a los 82 años, conserva la juventud en su sangre y el fuego en su espíritu, quizás su sino de vida. Es artista, que en sí  es individualidad, pero crea y produce con la gente de carne y hueso, expresándose de igual a igual.

Por Myriam Carmen Pinto. Zurdos no diestros (serie).


En 1990,  tras la vuelta de la democracia, en Chile no había ninguna escultura de él. Sí, en Argentina y Uruguay. La dictadura militar no solo le quita su proyección artística, sino también su trabajo.

En 1973, era director del Museo de Arte Contemporáneo (MAC) y docente de la Facultad de Arte de la Universidad de Chile. Se había propuesto sacar el arte de los salones y abrir nuevos espacios y accesos. Fue uno de los 120 académicos, enjuiciados por un fiscal militar. A todos obligan renunciar a sus cargos. Y a él, además, le retienen el pago de varios cheques pendientes .

No tiene títulos ni cartones universitarios. Abandonó sus estudios de arte, optando continuar su formación de manera autodidacta. No quería influenciar su propia expresión. Entonces, sus  búsquedas se inclinan hacia raíces indígenas americanas, identidades y técnicas ancestrales.

Cumplía 15 años cuando le dijo a su padre que quería ser artista y que no necesitaba diplomas, pretendiendo librarse de los estudios de la secundaria. Su libreta llena de notas números rojos, parecía incendiarse a sí misma. En vez de ir a su sala de clase, vagabundeaba y patiperreaba con  perros vagos por las riberas del río. El retrato escultórico de uno de ellos, su favorito, constituye su primer trabajo modelado en arcilla, vaciado al yeso.

Era y vivía - algo así - como “un gorrión callejero dispuesto a volar a todos los vientos”.

Luces rojas y verdes

El día del golpe militar, no sale de su casa. Kalela, su esposa, lo prohíbe. Había regresado, esa mañana, con sus hijos, después de una corta separación. Con lágrimas en los ojos, a los pies de la cordillera, donde  vivían, sin agua y sin luz, ven el bombardeo sobre el palacio de gobierno y su gran nube negra sobre la ciudad.

Al día siguiente, a su casa, se deja caer un piquete de carabineros armados con fusiles y cascos de guerra. Los dirigía el coronel, Luis Fontaine, quién lo interroga, concluyendo:

¿Como buen artista, usted debe ser comunista?

- No señor. - Soy socialista.

El coronel, le ordena arresto domiciliario, amenazando  serán  vigilados, cada uno de sus pasos.

Un día después, balean a un vecino que vendía  leche en su carretón. Le disparan a quemarropa, sacrificándole sus piernas. Por entonces,  persiguen y asesinan a quién se declara comunista  o socialista.

En 1990,  a este coronel, lo ajusticia un comando guerrillero del frente patriótico, Manuel Rodríguez, el mismo grupo que atenta sin éxito contra el general Pinochet. Lo ultimaron por ser responsable de muertes, desapariciones y torturas de militantes izquierdistas.

Quince días, después del golpe militar, Lautaro Labbé, va al museo, arriesgando su vida, sin dimensionar aún los alcances de la represión. Lo que era un centro de encuentro con el arte y la cultura ahora estaba convertido en campamento militar; una ocupación plagada de tropas, camiones, jeep y armas, destruyendo las exposiciones que allí se exhibían. Seguían en pie, las obras del Museo de la Solidaridad, donadas por artistas internacionales, en apoyo al gobierno popular  y al presidente, Salvador Allende.

El mayordomo del museo, advierte: los militares lo buscan. Entre soldados y patrullas, abandona el recinto, retirándose por una puerta lateral. Prefiere olvidar su documentación, dejándola en la garita en manos del soldado que le permite entrar.

Decide ocultarse en una casa ubicada detrás del centro cultural Gabriela Mistral, transformado también en campamento militar. Allí permanece un buen par de meses.

En 1977, otra circunstancia límite obliga a la familia huir, cerrar su casa y emprender nuevos caminos. Habían recibido a un joven, familiar lejano, que venía saliendo de la cárcel. Una noche, con tragos más de la cuenta, ingenuamente, les ofrece ayuda, mostrando su credencial de funcionario de las fuerzas armadas. De prisionero político pasaba a delator informante.

Entra al seno y calor de su propio hogar, el enrarecido clima de desconfianzas que prima en el país. Decide alejarse. Viaja a Barcelona con un pasaje de ida y vuelta, 100 dólares en los bolsillos y tres puertas talladas, preténdiendo venderlas en una muestra internacional. Su familia queda en condición de allegada.  La casa sin luz ni agua la ponen en venta.

En España, al suelo se viene la esperanza de vender las puertas. Por falta de dinero no logra pagar los impuestos de aduana, perdiéndolas para siempre.

Una severa bronconeumonía lo envía de urgencia al hospital,  permaneciendo internado 30 días. Su cuerpo debilitado necesita expulsar de sí, a como de lugar, miedos, tensiones, incertidumbres, desajustes alimenticios; serios problemas económicos. Eran los tiempos que en se salía del hogar sin la certeza de regresar; tiempos de miedo, angustias y bolsillos vacios. Solidariamente, se responsabilizan de él, exiliados latinoamericanos en Madrid, asumiendo la cuenta del hospital y luego su convalecencia.

Vuelve a Chile, después de ocho meses.

Inspirado en los cuadros de Goya,  produce una exposición, denunciando fusilamientos y persecusiones en tablones de maderas talladas y quemadas. La muestra recorre iglesias y centros comunitarios, incluyendo charlas  y convocatorias a organizar comités de  resistencias. En 1977, continuaban  secuestrando y haciendo desaparecer a dirigentes partidarios en la clandestinidad.

La policía siempre lo vigila, sigue tras sus pasos, pero no se lo llevan. Quizás lo  buscaron y no hallaron su casa, entre  lomas y faldas de cerros cordilleranos, y luego su nueva morada, bordeando el río. Quizás su estampa de  sacerdote, aunque la dictadura eliminó a varios, quizas su  transparencia, su pátina propia y lustre distinguido.

Ni él, se lo explica. Asimismo, las circunstancias que impiden su partida al exilio. En vano prepara sus maletas. Sus peticiones de refugio no prosperan porque no era prisionero, no fue torturado, ni tenía heridas de muerte en su cuerpo. Las heridas del alma no siempre se dejan ver.

Recurre a la justicia. Nada logra. Entre 1973 y 1990,  cerca de diez mil recursos de amparo tocan las puertas de las cortes. Solo seis o siete resultan acogidos.

De la inutilidad de los esfuerzos humanos*

En estos tiempos, Lautaro Labbé, se gana el pan, encerando pisos, pintando casas, haciendo pegas de  gasfíter, trabajos de la construcción, restauraciones de cuadros y carpinterías. Oficio, que cae ante sí, lo toma. Su tarjeta de presentación, decía: “Lautaro Labbé a sus órdenes”.

Buscando saldar sus deudas, una de dos años, al almacenero de la esquina, en 1980, postula y se adjudica una licitación pública. Propuso levantar una “Paralela circular móvil”, sobre una pileta de agua, en pleno centro de  Santiago. Lo boicotean. El banco  desiste. Lleva el caso a los tribunales, gana el juicio y le pagan. La obra no nace, ni se eleva. El artista es marxista, lo acusan.

Kalela, su esposa, imparte una que otra clase particular de piano, cruzando media ciudad y sus oscuros atardeceres.

Decidido a luchar por el fin de la dictadura, en la década de los 80, se mete con todo al movimiento social, donde las papas queman. Lidera organizaciones culturales, gremios del arte y asambleas ciudadanas. Apoya a quienes reabren espacios de expresión. Venciendo censuras, entre todos, reactivan la poca o casi nada vida cultural.

En 1983, forma parte de la comisión que organiza el primer congreso de artistas y trabajadores de la cultura, reuniendo a 400 delegados de todo el país. Uno de los acuerdos era incorporar la producción cultural a la lucha del conjunto social contra el régimen militar. Entendían que la cultura es un hecho social inherente a la comunidad.

Entonces lleva su arte a las poblaciones, protesta en las calles, lo llevan preso, lo apalean. Dice que lo dejan “viendo burros y  pacos verdes, hecho un ovillo fetal, bajo verdes asientos”.

Buscando vías que encaminen la salida del dictador, participa activamente en la organización que reúne a  las fuerzas vivas opositoras. Se llamaba Asamblea Nacional de la Civilidad. No obstante, a fines de 1987,  renuncia a todos sus cargos. Enmarcan su decisión, los fraccionamientos del partido socialista y los acuerdos de poner fin a la dictadura, dentro de su traje constitucional, hecho a su medida.  Su resultado -dice - es hoy "una democracia tutelada y formal, una democracia en la que todo se trata con algodones".

Por sus firmes posiciones,  lo apodan “el viejito de la metralleta”, pese a que jamás ha tomado una. No hizo el servicio militar.

Iniciada la democracia, alejado del quehacer político, busca trabajo en los espacios públicos que se abren. Nada hay para él. Imparte talleres de pintura y escultura en su casa. Sus oficios “Labbé a sus órdenes”, siguen a sus órdenes.

Magister en fracasología

El sino de la juventud en su sangre y fuego en su espíritu, tal vez se graba en su alma cuando vino a parar a este mundo. Dice que al nacer nadie se alegró. En Pitrufquén,  su madre, murió de tuberculosis, después de dar a luz  y el aserradero que sustentaba a la familia, ardió en llamas.

Formado en la escuela de la vida, concluye que, viviendo como ha vivido, su propio vivir es la universidad que le otorga el magister “Fracasología existencial”.  Continúa coherente a sus valores, digno y libre en Chile al "servicio del mercado" y de "quienes detentan el poder económico que requiere de una masa amorfa y consumista".

Es de los críticos y no se ha quedado de brazos cruzados. Sus esfuerzos ahora buscan alterar la cultura individualista y deshumanizada imperante. Pone lo colectivo donde hay individualismo, la solidaridad donde hay egoísmo, su arte en barrios, universidades, plazas urbanas y rurales de localidades pobres. Vive, promueve y aplica, en él y su entorno, los cambios que necesita este mundo.

Desde 1993 al 2007, con financiamientos de municipios, empresas, sindicatos, universidades, o bien a pulso, levanta, bajo su coordinación, quince monumentales esculturas públicas, gestadas y construidas por la comunidad. Participan niños, jóvenes mujeres, trabajadores y adultos mayores; de igual a igual, expresándose en plenitud y como síntesis colectiva.

Destacan, entre ellas, en Vallenar, un tributo a los ejecutados políticos; en Concepción, el memorial a los estudiantes caídos y las obras dedicadas a los trabajadores del carbón en Lota y  Coronel.

En Santiago, las dedicadas  a Víctor Jara, al mundo mapuche y a las familias, esta última, contando con la participación de niños y jóvenes raperos.

Lautaro Labbé, asume su propuesta de creación colectiva como una herramienta transformadora de las personas para recuperar su ser fragmentado y disperso por el sistema depredador. Afirma que las metodologías participativas pueden aplicarse a las diversas disciplinas y quehaceres. Por ello invita a gestar, dar contenidos, métodos y accionar a una propuesta que denomina KulturAlterativa. No se trata de hacer culturas alternativas al sistema, sino "alterativas" de la esencia misma del sistema, o sea, dar vuelta esta seudocultura neoliberal, competitiva, consumista, individualista y volver a retomar los valores inherentes a la especie humana que son la solidaridad, lo colectivo, lo creativo; una cultura que permita quedar a salvo de la búsqueda compulsiva y degradante del tener en vez de ser, “dados los tiempos que corren, donde los que no corren… vuelan tras el éxito”.

Por Myriam Carmen Pinto. Zurdos no diestros (serie). Gritografias en red.



Fotografías obras texto:Escenario Víctor Jara, Pudahuel, Santiago; Ronda de Unidad, dedicada a universitarios caídos, Concepción; Mapuche, La Pintana, Santiago.

Franja fotografías: Los Hijos de Atacama, tributo a ejcutados políticos, Vallenar; Fuente Conocimiento Solidario, Valdivia; Aurora del Pueblo Libre, Conchalí, Santiago, Lautaro Labbe en exposición de trabajos.



Nota de la edición. Todas las frases entre comillas corresponden a citas del libro “Una Vida. Memorias de un fracasado”. Lautaro Labbé, editorial Ayun, 2006.

* Bertold Brecht.

Santiago, Chile, mayo 2012.

Serie Zurdos no diestros

*
ROSA INDOMABLE, UNA ROSA Y SU ESPINA DOLOROSA


Myriam Carmen Pinto

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