Columnas
2010-09-01
2262 lecturas

Angel Saldomando
especial para G80

El bicentenario y la copia feliz del edén

Las recientes movilizaciones estudiantiles, la situación de los mapuches, la realidad social de los mineros más allá de la tragedia personal de la mina san José, las múltiples demandas sociales y políticas pendientes y la falta de capacidad para tratarlas motivan esta reflexión.

Ya no queda nadie de la generación que le tocó vivir 1910, pero al llegar a este bicentenario tenemos físicamente viva la memoria de al menos los últimos 80 años. Mas allá del trabajo especializado de los historiadores, la memoria colectiva vivida y presente es un factor determinante en la compresión de la realidad. Comprensión que devela como nos vemos y nos relacionamos. En relación a esto Chile como nación es una construcción que tiene en su memoria fracturas que rompen la imagen oficial.

Lo ocurrido con el ex embajador de Chile en Argentina, Miguel Otero es un pequeño ejemplo. Como se recuerda reivindicó el pasado dictatorial y le costó el puesto. La clase política se dividió entre proclamar la necesidad de no volver al pasado y entre condenar su resurgencia en las filas oficialistas. Otros y con justa indignación han intentando recriminar duramente la impostura de la derecha. Pero la polémica hay que ponerla en perspectiva pasada y presente, porqué ayudan a entender el país que tenemos en el momento en que se acercan las celebraciones oficiales del bicentenario.

Lidiar con la historia

Todas las sociedades que han vivido acontecimientos traumáticos que implicaron enfrentamientos internos, cambios drásticos en el poder y en las bases de la sociedad, con represión y exilio, heredan a sus contemporáneos y a las generaciones futuras el problema de enfrentar su historia. No sólo porque ello encierra polémica y polarización. El problema radica en algo mas de fondo, esa historia encierra responsabilidades y culpas, que han tenido consecuencias específicas para individuos y colectivas en términos de una evolución social condicionada que favorece a unos y castiga a otros. Así, hay vencedores y vencidos y responsabilidades y culpas, que se deben establecer. Pero en qué medida y en qué dirección dependen justamente de cómo se aborde ese pasado y que consenso haya sobre él, en el presente como continua reelaboración de la historia.

Los alemanes e italianos tuvieron que lidiar con su pasado fascista, los rusos con el estalinismo, los españoles con la guerra civil y el franquismo, los franceses con la colaboración y la guerra colonial, Sudáfrica con el apartheid, los latinoamericanos lidiamos con nuestras dictaduras.

La manera en como se avanza en asumir la historia, en su doble carga de responsabilidades y consecuencias, no es un debate de salón ni académico, en una prolongada lucha entre grupos sociales y sus liderazgos, con interés de ocultar o revelar, conservar o modificar la historia, en la que han jugado un papel.

El indicio que esa lucha comienza a disminuir es cuando se fundan nuevos consensos como referencias aceptadas y dominantes en la sociedad. Pero ese consenso puede ser apologético y cerrado, o abierto y critico.

Este conjunto de referencias significativas, que estructuran la conciencia de una sociedad sobre su pasado y de lo que se ha llegado a ser, tendrá que establecer juicios y parte aguas y eso es lo que siempre estará en juego.

El dilema de lo bueno y lo malo, de lo mejor o lo peor que ocurrió, incluirá dosis de relativismo que ponderará las cosas con el tiempo pero no puede diluirse al punto de hacer de la historia un pantano donde se hundan los valores de una sociedad en torno a la justicia, la democracia, la libertad, los derechos, la autonomía y la dignidad de las personas. Ninguna sociedad puede progresar haciendo el impase sobre su historia.

Chile está  en relación a esto se encuentra en un punto crítico. La dictadura de 1973 a 1990, fue el final traumático de una época y el inicio de otra, de profunda reestructuración nacional por medio de la violencia y el aplastamiento de una mayoría de la sociedad.

Chile sigue dividido en torno a este pasado pero hay que enfrentarlo. La nación no tiene un conjunto de referencias significativas apoyadas en su historia que sea valorizante como país y como base para asentar valores compartidos. También esto hay que discutirlo. Aunque se insiste en construir una imagen positiva de la nación, esta no resiste el análisis del devenir histórico y lo más fundamental quizá, la intuición colectiva tampoco se reconoce en ella aunque debe mimetizarse al precio de una neurosis social.

Hay algunos puntos cardinales en esta discusión que me parecen trascendentes, otros harán su propia selección.

Las referencias de una sociedad

Quizá una de las cuestiones mas criticas que debamos asumir es que la sociedad chilena en este momento de la historia carece de proyectos colectivos en los que pueda reconocerse, estructurar sus valores y canalizar de manera constructiva las diferencias sociales.

Los proyectos son empresariales o individuales. La sociedad se encuentra fragmentada y las expectativas de proyectos colectivos de integración y progreso social son minoritarias, con grados de escepticismo importantes. La confianza interpersonal ha disminuido, junto con la cultura, la educación y la organización social. La imagen oficial de la unidad nacional no tiene fundamento empírico, no reposa en ningún proyecto o procesos integrador que la fundamente. La forzada construcción de esa imagen, desde las elites, no se la creen ni ellas mismas.   

La clase política y la democracia

En los últimos años y son bastantes, es decir de 1973 a 2010, 37 años y en el periodo de los 43 años anteriores hasta 1930, para quedarse en el limite de los 80 años,  es posible identificar algunos aspectos del orden social que siguen siendo temas duros y que a menos de fabular sobre ellos hay que reconocer que no cimentan la imagen de una nación integradora.

Lo primero y que no se enseña en las escuelas, es que Chile nunca ha tenido una constitución de origen y de aprobación democrática. Es un dato empírico. El discurso oficial habla de tradición republicana establecida y otros sofismas solo sostenibles por imposición.

Lo segundo es que la nación carece simplemente de un contrato social mínimamente integrador ya no digamos progresista, en lo institucional y en lo social. En los últimos 80 años no se logró.

Lo tercero es la imposibilidad manifiesta de los grupos de poder dominantes de tratar el disenso, el conflicto con formas progresivas de negociación e integración social, se ha resuelto con represión, exclusión e historia social negada para fundamentar la continuidad del orden. La historia del conflicto social en Chile no cimenta la nación.

Lo cuarto, es que desde los tiempos oligárquicos la distancia de la clase política, de la elite rica y las diferencias sociales no han estado tan presentes como en el Chile de hoy. La modernización de los objetos, la uniformidad consumista y los discursos formales no logran ocultar esta realidad.

A esto se agrega una cultura autoritaria y represiva en que los políticos de hablar golpeado, los ministros negacioncitas de los problemas que enfrentan son valorizados y las redes ocultas de influencia generan un tipo de gobierno claramente separado de las demandas sociales. El primer contacto de ellas antes de ser oídas es generalmente la policía.

En su bicentenario Chile aparece muy fracturado en su comprensión de la historia y paradoja, comienza a parecerse contextualmente mas a los años 50 inicio de los 60, computadoras mas computadoras menos. Las bases sin embargo son otras y los caminos seguramente serán diferentes. La contradicción existente entre el potencial social, cultural contrasta con el embudo político en el que ha desembocado  la historia. Hay todavía un Chile mayoritariamente sumergido y no sabemos como sacarlo a flote.

Los logros exhibidos como tales durante estos años y que fundamenta el optimismo de las elites, se debe más a la parte de beneficio que ellas tienen en el que a la construcción de un país para todos, aunque no sea la copia feliz del edén.

Angel Saldomando
Agosto 2010


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