Columnas
2008-11-23
2202 lecturas

Andrés Bianque
especial para G80

Temporeros, Recolectores. El Trabajo más fácil del Mundo

Faltaban dos días para que cierta empresa nos cancelara un finiquito atrasado que nos adeudaba. A la par, una terrible crisis asolaba la economía del país, la cual sumía y sumergía nuestros bolsillos en un desolado triste orfanato de algún dinerillo.

Fue en una de nuestras obligadas caminatas sin rumbo que observamos con asombro el siguiente anuncio.

Se necesitan recolectores de tomates. Pago inmediato. Contante, sonante y machacante.

Cruzamos una mirada semi diabólica con mi asistente, amigo digo. Dinero fácil y al alcance. Esos cigarrillos, refrigerios y bocadillos varios que nos imaginábamos se hicieron reales, alcanzables como por arte de magia.

El trabajo de por sí era sencillo, pan comido, o sea, tomate comido.

Nos presentamos muy seguros ante la cabaña improvisada que se agendaba como bastión de vigilancia, cuidados y pagos sobre aquella chacra, plantación, huerto gigante.

Reconozco que nuestra seguridad y confianza para tal faena era hasta abusiva para con los que allí se presentaban. Eso debido al factor extremadamente destacado que mi contextura corporal favorecida ostentaba. Curtido en trabajos que demandaban un alto grado de competitividad ósea y muscular, es que fui esculpiendo un cuerpo que era la envidia de mequetrefes, enclenques, alfeñiques y hombrecillos varios en los alrededores.

Piernas torneadas como dos pilares acerados de canelo robusto. Brazos destacados, dibujados cada músculo posible en aquellas dos hermosas extensiones, además del ancla fuerte de mi torso blindado. Mi espalda era lo que tenía que ser simplemente. Un paredón de músculos, un racimo de uva trenzada en huesos, tendones resistentes y ligamentos fastuosos.

El Indio Kayul que me acompañaba, era un mestizo de rasgos brutos y un tanto bruto también, pero tenía estampa de guerrero inca, mapuche, náhuatl o algo así. Pinta que no lo botabas de un solo palo o garrotazo. La mirada del diablo comiendo limón. Bravío como navío de mocetones legendarios. Otro que también se había curtido a fuerza de trabajos rudos y largas sesiones de palas, picotas, zanjas y hoyos al por mayor.

Creo que éramos unos ocho o diez tipos esperando al encargado de la chacra, el cual se veía atareado conversando con alguien allá a lo lejos en la plantación que todo lo rodeaba.

Nos quedamos mirando con el indio Kayul, los que allí estaban eran puros pigmeos, minúsculos de músculos, enanos mal alimentados que parecían pollos recien secados al lado nuestro.

Una mueca sardónica solté disimuladamente a mi compadre Kayul al verme rodeado de tantos enanos.

Estamos en eso cuando vemos que viene acercándose hacia nosotros una vieja toda desarmada, mal vestida y de cabello muy largo, completamente blanco.

No lleva ni dos metros avanzado, cuando este energúmeno me dice asi como a la pasada y disimuladamente:

-Ahí viene la que estos otros están esperando.

Lo interrogo silenciosamente con el ceño fruncido. ¿Quién, qué?

Esta debe ser Blancanieves, me dice con sorna.

Fingi una tos de perro para ocultar la carcajada y los espasmos. Nadie entendía nada y por supuesto el indio maldito puso cara seria y disimulada, preguntando con el rostro qué es lo que me pasaba.

En ese mismo instante apareció de la nada el capataz de la hacienda.

Buenos días dijo. Y acto seguido entró a la cabaña choza improvisada, sacó un montón de baldes y se los fue pasando uno a uno, a cada uno de los muchachos que allí estaban, incluyendo a la mujer de cabello blanco.

Nos quedó mirando inspectivo. Yo inflé el pecho como pato en celo. El indio Kayul puso su mejor cara de asesino a sueldo.

El trabajo es sencillo nos dijo. Toman un balde y lo llenan con tomates, eso es todo. Por cada balde lleno les doy una ficha. Al final de la jornada cambian esas fichas por dinero que les daré en efectivo y al instante, eso.

Mientras nos hablaba iban llegando muchachos y muchachas en abundancia, quienes sin preguntar media palabra, estiraban el brazo y el hombre a cargo les pasaba un balde.

¿Entendieron muchachos? Nos preguntó. Si, claro, obvio, sin duda, ningún problema. Exclamamos con tono seguro, varonil y muscular.

Les daré un surco a cada uno exclamó. Cada surco mide doscientos metros.
¿Un sólo surco? ¿Perdón? Acompañando mi interrogante con cara de acidez repentina.
Le reclamé en forma briosa e inflexión decidida, queríamos tres zanjas, una era muy poco.
Estábamos ahí por dinero, no para juegos de niños o paseándose como los demás.
La avaricia me humedeció la lengua cuando dije esas palabras.

El indio Kayul, que no era mudo, pero lo parecía, inclinó la pera hacia abajo y hacia arriba apoyando mi petición.

Claro, claro dijo él, tendrán tres, sin dejar de mirarnos de forma extraña. Era obvio que estaba acostumbrado a contar con los servicios de especies infrahumanas inferiores y el vernos tan dotados, le habrá parecido inusual.

Con voz seca gritó hacia el gentío que ya estaba instalado en el predio.

-Que nadie toque esos seis surcos de allá, son de los muchachos. Todos asintieron entre si patrón y otros con la cabeza.


El balde me puso de muy buen humor, no habrá tenido más de treinta centímetros de alto por veinte de ancho. Con una veintena de tomates estaba completamente lleno y el casi medio dólar ganado por tal hazaña.

Nos dirijimos hacia los surcos de una vez.

Cuando voy llegando me saco la polera en un acto rápido, sexy y elegante. Pero con tal mala suerte que justo, pero justo al lado, al ladito de mi surco está la vieja de pelo blanco que me queda mirando y me dice con una desfachatez insultante.

-Ave maría purísima. ¿Hijo qué está haciendo?, póngase la camiseta por favor, no se da cuenta que...

Y ahí alguien gritó que el camión que venía a recoger los tomates recolectados, entraba por la puerta.

Entre tanto ruido y alboroto, no escuché nada, pero entendí claramente a lo que la vieja se refería. Quizás en el tiempo de la colonia española, cuando ella fue joven, no estaba permitido que uno anduviera así con el dorso desnudo. Pero ahora en pleno siglo veinte y algo, eso era normal y permitido, no hay para qué ser prejuicioso o colijunto o beato. Métase en sus asuntos vieja tal por cual, le grité. Me miró de manera extraña, pero no dijo nada.

Con una rapidez inusual llené el primer balde y lo fui a cambiar por la ficha prometida. Ni siquiera había avanzado dos metros del surco y ya iba por llenar el segundo balde.

Estaba con una rodilla en el suelo y la otra semi flectada, cuando un dolor en la espalda me incomodó la existencia. Me incorporé, recordé que había dormido mal aquella noche.

Continué mi labor desentendiéndome de aquella molestia insignificante en la zona lumbar, cuando percibo así como que me clavan con una aguja justo en medio de la espalda.

No digo que grité, pero para allá apuntaba la cosa. Fue bien doloroso.

Me mironeában los enclenques y cuchicheaban acerca de mi, los otros alfeñiques, eso era fijo.

En el surco de más allá, el indio Kayul recogía los tomates de una manera, bastante especial, por decir lo menos. Pensé que decía algo, que estaba cantando, recitando. La verdad es que no lo veía muy claramente, no sé si él se estaba poniendo borroso o qué.

Yo tenía las manos ocupadas limpiándome los ojos debido a cierto tímido sudor que humectaba mi rostro.

No le tomé mucha atención, pero de rodillas parecía que estaba rezando, implorando o frente al muro de los lamentos o recogiendo algo en cámara lenta. No le presté mayor atención a mi amigo.

El asunto es que me viene otra puntada en la espalda y pienso que son las abejas o los zánganos o un zancudo de día o alguien me ha arrojado una piedra y no me he dado cuenta.

Inquirí con la mirada a todos los mequetrefes a mí alrededor, nadie acusó golpe o reacción.

Enarbolé las cejas con molestia, inflé el pecho de pato en celo nuevamente y de cuclillas me dediqué a continuar con mi labor, sin olvidar vigilar y fisgonear mis otros surcos y que no me los fueran a expropiar o robar.

La vieja me seguía mirando. Yo intentaba enseñarle mi mayor desprecio.

Tenía casi listo el tercer balde por llenar. Hasta ahí por lo menos recuerdo muy claramente.

Sé que al rato comencé a rascarme las manos ó los dedos frenéticamente, los brazos, el ombligo, el pecho, la cabeza. Que sentía una especie de polvillo verde encapuchándome la nariz de una forma horrible, letal, monstruosa, que inmisericorde trataba de asfixiarme, ahogarme asesinarme ahí mismo delante de todos.

Era un día en pleno verano. El sol brillaba radiante y lacerante. Era pasado el mediodía.

En un momento se nubló completamente todo, no el día sino mi mirada y al minuto o a los cinco minutos o a los diez, nunca supe, me doy cuenta que voy acostado en una camilla improvisada de palos y ramas que los enclenques han fabricado. Creo escuchar a la vieja de pelo blanco que dice que me echen agua en la espalda, en la nuca que soy un huevo frito humano.

Llevo las manos colgando a los costados, los brazos lacios, el pecho hundido como diario mojado. Las piernas delgaditas tiritando, balbuceando y blasfemando. Entre gritos, aullidos y bramidos, digo que me duele la espalda, que quiero a mi mamá, que traigan una ambulancia, un ventilador, un médico, agua, crema, hielo, un paraguas, sombra, lo que sea.

Cuentan que ni siquiera mis gritos hicieron que el indio Kayul se levantara.

Estaba acostado en medio de un surco en posición fetal, tiritando y murmurando incoherencias, recitando o cantando. Con la mirada perdida, en estado catatónico, pálido como papel y agarrado a una mata de tomates.

Que estaba todo tullido, así como agarrotado, que el sol, el polvillo del tomate y las matas lo habían momificado, incluso encogido como calcetín mal lavado. Y con el pelo negro, largo y chico parecía momia diaguita que llevaban en procesión al museo o traían desde algún cementerio.

Lo sacaron en andas entre varios, repetía todo el rato “qué culpa tiene el tomate, de estar tranquilo en la mata. Qué culpa tiene el tomate de estar tranquilo en la mata”...

Que un tomate con cejas le había dicho que no lo sacara, que se apiadara de él.

Debo confesar que nunca más pasé por ese lugar. Que prefería darme tremendas e innecesarias vueltas para llegar a mi hogar antes que deambular por allí.

Miro las fotos de aquellos tiempos y me causa gracia ver que éramos dos muchachos flaquitos, de no más de un metro sesenta y cinco, pero muy bien inflados y estirados con tantos complejos que avergüenza recordar.

Cada vez que me como un tomate, pienso en tres cosas.

La primera es que en ese sencillo clavel andino, cereza exquisita y popular originaria de nuestra américa linda, va inserto el trabajo hermoso, digno y popular de miembros de ese mismo pueblo hermoso, que se levanta cada mañana a luchar contra las adversidades más terribles, contra las monstruosidades más fieras donde quiera que éstas se encuentren.

Lo segundo es que el llamado “jamón con pepas” por los pobres, es tiernamente noble, servicial, solidario, lleno de carne amaranta para llenar las panzas, rebosante de venas líquidas que sacian la carencia de vitaminas, calorías  y la sed que nos aqueje, siempre leal y solidario.

Lo último;

Cuando tomo un tomate, antes de hacerlo ensalada, le digo suavemente al oído, a la altura de las cejas... ¿te acuerdas de mi?

Andrés Bianque

Comenta con ayuda de Facebook(*) (Habilitado el 11 de diciembre del 2009): ¡OJO! Se puede comentar escribiendo un mail (no se muestra es solo para validacin) o con cuenta de Facebook.


(*)Algunas versiones de Internet Explorer bloquean esta herramienta social, sugerimos navegar con Firefox, Safari, Opera, Chrome u otro navegador web para hacer y leer los comentarios



160.315 lecturas en total tienen las 66 columnas de Andrés Bianque con 2.429 lecturas en promedio por columna
Columnas de Andrés Bianque
2016-08-08
AFPs: Afrenta pública
3337 lecturas

2013-01-10
La Ideología en Llamas
1465 lecturas

2013-01-05
La Causa en Llamas
1594 lecturas

2012-07-06
Rodrigo Rojas: fotografía de una muerte transitoria
1913 lecturas

2012-06-22
Duelo de Guitarra Austral
2024 lecturas

2011-09-07
Fragmento marino de Septiembre
1990 lecturas

2011-03-22
Chile, un Deja vu permanente
2075 lecturas

2010-10-14
Viaje al Centro de la Tragedia
2259 lecturas

2010-10-12
Día de la Raza. Día de la Mafia. El Paseo. Jira ó Un día de campo
1937 lecturas

2010-09-15
Breve Bicampanario Historiográfico de Chile
2006 lecturas

2010-08-24
Cuando la oscuridad se hace carne y también combustible para algunos
2068 lecturas

2010-03-03
Féretro 27, Versículo 3.34, Terremoto a la Chilena
2177 lecturas

2010-01-26
Graduación Fuerzas Especiales de Chile o la Epidermis sensible de algunos
2334 lecturas

2010-01-21
Mortandad de Claves Sucedáneos
2097 lecturas

2010-01-06
Nere Laztana Asel Luzarraga
2254 lecturas

2009-10-28
Los Incomunicados
2013 lecturas

2009-10-05
Miguel Enríquez, el menos muerto de todos
2212 lecturas

2009-09-24
Próxima Estación, Andén de la Muerte. México
2151 lecturas

2009-09-07
El Ocaso Laboral, obra y gracia de Acosadores Laborales
2144 lecturas

2009-09-01
Cárcel de Hombres, Infierno de Mujeres
2286 lecturas

2009-07-09
Herminia de la Pincoya
2612 lecturas

2009-07-04
Humanicemos el Capitalismo, vía reformismo. Viva Honduras, vía Zelaya, viva la ONU y la OEA
2064 lecturas

2009-07-01
Salvemos el Capitalismo, que vuelva Zelaya
1978 lecturas

2009-06-20
Seres de río Tormentoso. Andha Chile
2259 lecturas

2009-06-11
Un recado para Mario Bagua Llosa
2152 lecturas

2009-05-25
Anarquista en esquirlas óseas
2269 lecturas

2009-05-13
Cortando el Maíz con Guadaña Estatal
2053 lecturas

2009-03-21
A la Sombra de la Catedral
2175 lecturas

2009-02-24
De Mirlos y Loicas
2152 lecturas

2009-01-08
Postal desde el fin del mundo
2247 lecturas

2008-11-23
Temporeros, Recolectores. El Trabajo más fácil del Mundo
2203 lecturas

2008-10-23
El Ballet de los Amantes Invisibles
2418 lecturas

2008-10-10
Día de la Raza. Día de la Mafia
2417 lecturas

2008-10-05
Trastorno Ideológico Bipolar
2297 lecturas

2008-09-24
Palabras Anti-Oxidantes
2255 lecturas

2008-09-17
Bolivia, paz o gas, he ahí el dilema
2282 lecturas

2008-09-14
Bolivia, una flor de cuarzo acechada
2108 lecturas

2008-09-07
Maltrato verbal contra Carabineros de Chile
2389 lecturas

2008-08-29
La Educación Chilena se Cae a Pedazos: Liceo de Aplicación
2265 lecturas

2008-08-26
La espera: Siempre hay vacantes para el desempleo
2319 lecturas

2008-07-04
México, profesionalizando la Tortura
2258 lecturas

2008-06-16
La noche de los Cristos Rotos. Matanza de Corpus Christi
2287 lecturas

2008-06-13
Hernán Larraín, Educado para el descaro
2430 lecturas

2008-06-05
Todos contra la Ley de Ganancia Estudiantil, LGE
2519 lecturas

2008-06-02
Tormentas y Tormentos
2386 lecturas

2008-04-01
Paulina Aguirre, Nenúfar Combatiente
2482 lecturas

2008-03-29
Epístola de Espigas para Consolar a una Madre Atardecida
2474 lecturas

2008-03-12
“Coincidencias y Casualidades” Colombianas
2364 lecturas

2008-02-18
Discriminación, Tribus urbanas y Mutantes
5061 lecturas

2008-01-26
Patricia Troncoso, delgado pétalo empujado al infierno
2467 lecturas

2008-01-03
Matías Catrileo, Tambor de Volcán Ausente
3029 lecturas

2007-12-24
Día Internacional del Consumismo o Navidad
2842 lecturas

2007-12-20
Santa María Pampina. Matanza y Labranza de Obreros
2997 lecturas

2007-11-12
Chile en Estado de Sitio, el enemigo somos todos
2876 lecturas

2007-11-04
Joaquín Lavín, de bufón militar a principito empresarial
2713 lecturas

2007-10-05
Miguel Enríquez, el menos muerto de todos
2498 lecturas

2007-09-23
Doña Bachelet y sus Dos Partidos
2534 lecturas

2007-06-16
Tocata y Fuga en Mi Mayor
2478 lecturas

2007-05-31
Carlos Larraín, Una momia Hablando de Arqueología
2695 lecturas

2007-05-07
Celulosa Arauco, talando obreros a balazos
2663 lecturas

2007-05-02
Recuerdos de Dictadura
Carta Póstuma

3243 lecturas

2007-04-23
Una fogata incandescente
3165 lecturas

2007-03-29
José Huenchunao, otra hoja escrita en el viento
2622 lecturas

2006-11-23
La canibalización de la Araucanía
2625 lecturas

2006-11-13
Para Luciano Carrasco, mi otro Compañero de Clase
4383 lecturas

2006-10-27
Waikilaf Cadín Calfunao, otro prisionero político
2974 lecturas




Hay 44 usuarios visitando www.generacion80.cl

ltimas Columnas
Vengo de un pueblo pequeño... que se llama Til Til por Vólker Gutiérrez
Tierra: medio siglo de la Ley de Reforma Agraria por Manuel Riesco
2016, Venezuela en la encrucijada. La grave crisis económica, social y política por Orlando Caputo
La Codelco de Eduardo Engel por Julián Alcayaga
Venezuela: crisis para todo uso por Ángel Saldomando
Otras noticias
2017-08-01
LUN DESTACA INVESTIGACIÓN EN FUSIÓN NUCLEAR DE LA CChEN
2017-07-27
CONMEMORAN LOS 50 AÑOS DE LA TOMA DE LA UC
2017-07-26
OFICIALIZAN LA POSTULACIÓN DEL FÍSICO LEOPOLDO SOTO NORAMBUENA