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Columna G80: César Cerda Albarracín : ¿Contribuye el proceso constituyente a resolver el conflicto central del país; democracia o neoliberalismo?
Columnas
2016-06-21
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César Cerda Albarracín
especial para G80

¿Contribuye el proceso constituyente a resolver el conflicto central del país; democracia o neoliberalismo?

Un permanente, amplio, extenso y profundo movimiento social, ha puesto en evidencia la crisis de la casi totalidad de las instituciones, comenzando con la Constitución, base del conjunto del sistema político. El modelo de sociedad teorizado por Jaime Guzmán, impuesto por la dictadura y legalizado por la Constitución de 1980, (C.80) avanza hacia una crisis total. Se trata de un modelo que ha transformado a la sociedad chilena en una comunidad que no responde ni a su naturaleza ni a su objetivo histórico.

Chile se encuentra en un momento crucial de su vida institucional. El Proceso Constituyente se desarrolla en medio de una fuerte confrontación social, política, ideológica y cultural. Cualquiera sea el resultado de este Proceso, sus repercusiones tendrán efectos de trascendencia estratégica en todas las esferas del futuro desarrollo histórico del país. Es importante destacar que las encuestas de opinión, señalan que más del 70% de los chilenos se inclinan por una nueva carta Fundamental.

Este Proceso se encuentra tensionado tanto al interior del políticamente heterogéneo conglomerado que conforma la “Nueva Mayoría”, y desde fuera, por la casi total oposición que realiza la mayoría de las fuerzas políticas que conforman el conglomerado “Chile Vamos”. A ello se deben sumar, las opiniones negativas de las organizaciones empresariales y la ambigua posición de la jerarquía de la iglesia.

El principio cardinal que fundamenta toda la concepción de país instaurada por la dictadura en Chile, legalizada e institucionalizada en la C.80, es el de concebir prácticamente a toda nuestra sociedad y su territorio, como unidades económicas autosustentables, auto sostenibles y sujetas a las leyes del mercado. Las repercusiones que ha generado esta radical mutación de la naturaleza histórica de la sociedad chilena, ha erosionado profundamente las bases de todo tipo en nuestras relaciones sociales, y ha generado repercusiones totalmente distorsionadoras del conjunto de la convivencia social. Las minoritarias fuerzas sociales “privatizadoras” que asaltaron, saquearon y destruyeron el poder que había alcanzado lo público, “el Estado social” hasta septiembre de 1973, incorporaron su visión del mundo en su engendro constitucional, en relación a sus empresariales intereses, cambiado radicalmente la orientación y el sentido de nuestra nación y del papel del Estado, social e históricamente transformado. En síntesis, desde el punto de vista social, la Constitución del 80 es el instrumento jurídico pétreo que cautela y supervigila los intereses de la parte ínfima de la sociedad chilena: el capital financiero nacional unido al capital transnacional.

Desde el punto de vista teórico, la Constitución del 80 refleja el pensamiento, la fisonomía ideológica política de las fuerzas sociales más conservadores del país, sustentadoras de la modalidad más reaccionaria del capitalismo a escala nacional e internacional: el capitalismo salvaje, el neoliberalismo. Desde el punto de vista político, la C.80 impide al pueblo actuar, evitando o neutralizando desde muchas y variadas formas, su participación. Ello ha traído como resultado una involución histórica, cuyas secuelas se dimensionan en la actualidad. Nuestra nación, que llegó a ser hasta septiembre del 1973 uno de los países de mayor cultura cívica y política del mundo, hoy día, la C.80 y las fuerzas sociales que lo sostienen, lo han transformado en uno de los países de menor conocimiento cívico y político del planeta. Es un ejemplo de los numerosos resultados nefastos a que nos ha conducido el obscurantismo constitucional pinochetista. Desde el punto de vista cultural, el objetivo fundamental de las Fuerzas Sociales Económicamente Dominantes (FSED) y su Constitución, era generar un cambio profundo de la identidad de nuestro pueblo, transformándolo brutalmente desde sus rasgos colectivos, humanos, solidarios y comunitarios hacia una sociedad egoísta, individualista y que en sus relaciones sociales sólo se debe regir por criterios mercantiles. El cliente reemplazó al ciudadano. El ser social, se mutó por el consumismo mercantil. El ser, por el tener.

En síntesis: La visión del mundo de las FSED privatizadoras y saqueadoras del Estado que asaltaron el poder en septiembre de 1973, se apoyan en tres pilares centrales que hasta hoy determinan el funcionamiento, perfilamiento y “crecimiento” de la sociedad chilena y que constituyen la esencia de la constitución neoliberal de 1980.

El autofinanciamiento: Después del saqueo privatizador de parte de los grupos económicos a las empresas del Estado, conquistas históricas del pueblo chileno, todas las instituciones públicas que quedaron, fueron definidas como unidades económicas empresariales. Debieron autofinanciarse para exhibir cifras azules. Debido a que se les concibió como empresas, como unidades económicas y no entidades de función social, debieron ser rentables y por lo tanto debieron someterse a las leyes del mercado. Véanse los ejemplos de la salud, de la educación, la seguridad social, con el funcionamiento de las municipalidades, etc., etc.

Es el mercado el que rige las relaciones en la sociedad. Concebidas en su funcionamiento y desarrollo como empresas capitalistas neoliberales, para las instituciones sociales y públicas será el mercado el que determine su operatividad, su permanencia y su sobrevivencia. Ya no interesa la función social de ellas, dado que la “sociedad no existe” y sólo existen individualidades que se rigen por las leyes de la oferta y la demanda. Disminuir los costos y maximizar la ganancia es la clave. Es la ganancia como horizonte espiritual e ideológico. El negocio, el “emprendimiento” es la vida y se tiene como máxima. Pero, como todo es concebido como negocio, se trata de un negocio irresponsable estratégicamente. Al no estar sujeto a los intereses de las mayorías, ni de los intereses y culturas de los pueblos autóctonos que viven en el territorio, conduce, por ejemplo, a la superexplotación de nuestros recursos naturales, lo que daña al país, a la sociedad, al entorno humano y al medio ambiente.

El autoritarismo. Concebida la sociedad y sus instituciones como empresas, en ellas no cabe la participación democrática. En la empresa capitalista es el dueño el que manda y es él el que determina los aspectos centrales y fundamentales del “negocio”. Así, como el poder lo tiene el empresario en la empresa, en los organismos e instituciones de la sociedad, no se contempla o se distorsiona la participación social democrática en el ejercicio del poder. Ello explica, entre otras cosas, el por qué se prohibió la educación cívica en las escuelas y liceos. A la vez, esto es lo que origina formas absolutamente autoritarias en el ejercicio del poder, así como también genera formas de “incondicionalidad” y otros vicios. Se construyen y generan “lealtades” favores y “miedos”. (Véase entre otros muchos ejemplos, lo que sucede con el accionar de la mayoría de los parlamentarios, la mecánica de funcionamiento al interior de los partidos, de las municipalidades, de los ministerios, etc., etc.) Se genera todo un viciado y corrupto proceso que se va construyendo desde arriba hacia abajo que se reproduce de muchas formas, al no existir verdaderas instancias democráticas de participación. De ahí que, la C. del 80 por su naturaleza social y política, es profundamente antidemocrática, excluyente, autoritaria, y, esencialmente antihumana.

En definitiva. Los neoliberales sustentadores y defensores con dientes y muelas de los principios esenciales de la C.80, “hacen caso omiso de las variables macroeconómicas originarias y sólo consideran la resultante, es decir, sólo les interesa el producto que se tranza en el mercado” (Gimpel, A.). Para ellos, el crecimiento del producto constituye el barómetro de la actividad económica, dado que, hipotéticamente, la población tiene más bienes y servicios a su disposición. Esta máxima neoliberal, como principio sustentado sobre la base del consumo sin desarrollo, ha sido el causante del daño que se ha generado en el medio ambiente. Es el resultado a que se conduce cuando las transnacionales, el capital financiero y los grandes empresarios, deben arrasar con nuestros recursos naturales para la fabricación de mercancías y con ello mantener su cuota de ganancia. Reiteramos, que para nosotros, una de las tareas más urgentes, es lograr diseñar un camino que reabra la esperanza para la humanidad, amenazada por este capitalismo salvaje en su modalidad neoliberal y su acción depredadora.

Por ello es que, además del origen espurio del engendro del 80, consideramos que por las tremendas y profundas repercusiones desastrosas que ha provocado al pueblo chileno y su futuro desarrollo histórico y estratégico, es que para todas las fuerzas sociales y políticas auténticamente democráticas, la tarea más urgente y más necesaria es acabar lo antes posible con esta monstruosa creación. De lo que se trata, es dar origen a una nueva Carta Fundamental, donde sea el soberano, el pueblo, el que determine y señale el futuro que quiere para el país y qué hacer con su territorio. Se trata, como tarea urgente, terminar con el instrumento que legaliza una dictadura que ejerce una pequeñísima minoría social, sobre la inmensa mayoría de nuestro pueblo, de la sociedad chilena. Insistimos; el dilema en la hora presente no es otro que el de la alternativa: Democracia o Neoliberalismo.

Adelantamos, que no es el mejor escenario ni están dadas las mejores condiciones para lograr una Constitución auténticamente democrática y que responda al único y verdadero soberano: el Pueblo. No se debe olvidar, que históricamente, las constituciones son ante todo un resultado histórico social. Son, a la vez, resultado de correlaciones de fuerzas. Así lo ha demostrado la historia de nuestro país. Desde la Constitución de 1833, las FSED lograron imponer y “legalizar” constitucionalmente su pensamiento y concepción del desarrollo de la nación en todas sus esferas, aprovechando correlaciones de fuerzas favorables y teniendo a su alcance poderosos medios. No se debe olvidar, que la única oportunidad histórica que tuvo el pueblo chileno para redactar una nueva Constitución auténticamente democrática, fue durante el Gobierno de la Unidad Popular. Así lo entendió el Presidente Allende, cuando propuso una forma popular- democrática del ejercicio del poder, respondiendo a lo que el poderoso movimiento social exigía, teniendo como base al pueblo movilizado y en las calles, consiente y entusiasmado por construir un futuro que le pertenecía.

El Proceso Constituyente transcurre en un escenario no favorable para lograr un amplio, profundo y poderoso proceso de participación. Ya lo hemos señalado. El obscurantismo, sus fuerzas sociales políticas y gremiales, se oponen con todos sus poderosos medios para que se amplíe el proceso participativo para dar forma a una nueva Constitución, democráticamente gestada. Se oponen los empresarios para seguir lucrando y arrasando con el territorio y sus recursos naturales. Los Partidos agrupados en el hipócritamente denominado “Chile Vamos,” para seguir haciendo ilícitos y robando al pueblo. A ellos se deben sumar a quienes incluso se encuentran al interior de la Nueva Mayoría. Todos ellos juntos, sueñan y aspiran a una Constitución que respete ante todo “la propiedad privada”, no especificando sobre su contenido. A lo sumo, aspiran a meras reformas para que todo quede igual. También para posibilitar las coimas e ilícitos, traicionando lo que prometieron al pueblo. Desde ya las propias palabras del Ministro de Hacienda junto a otros prohombres de la Nueva Mayoría como el emblemático senador Walker, publicitan para que todos los escuchen, de que ante todo se debe proteger la propiedad privada. Todos ellos, desde ya, se preparan para cocinar, entre cuatro paredes la redacción de un nuevo texto Constitucional, a espaldas del soberano, del pueblo.

Por otra parte, tampoco se puede dejar de lado, que la Constitución pinochetista neoliberal, ha moldeado exitosamente, en gran medida, el pensamiento social de nuestro pueblo en los últimos 40 años. No se debe olvidar que los métodos silenciosos y placenteros del neoliberalismo, prácticamente no sólo han anulado a una considerable parte de la oposición política, sino que además, segundo a segundo capturan a miles de miles de hombres y mujeres de nuestro pueblo a vivir el goce del consumismo. A ello se agrega, que miles y miles de jóvenes, se han restado al Proceso Constituyente, desilusionados del Gobierno, por la incapacidad de éste por llevar adelante las reformas prometidas, particularmente, la educacional. Se debe constatar además, que los medios de comunicación de masas, en su casi totalidad en manos de las FSED, atentan poderosamente en contra de las fuerzas que bregan por una constitución auténticamente democrática. No se debe olvidar que en la actualidad, “La comunicación es la piedra de tope del poder”. Ello significa que los “estados de opinión”, creados artificialmente por los medios de comunicación, son armas muy poderosas para el control social. Ello es lo que acontece por ejemplo, con las “encuestas políticas”, del CEP y ADIMARK, las que prácticamente determinan la agenda del Gobierno y de la casi totalidad de los partidos políticos, al tiempo que satanizan al movimiento social en la calle. “Torturar un cuerpo es mucho menos eficaz que moldear un espíritu”, señala acertadamente Manuel Castell.

No obstante todo lo anterior, de manera ascendente, se han ido realizando miles y miles de Encuentro Locales Autoconvocados a lo largo del país, que demuestran que nuestro pueblo quiere ser partícipe en construir el futuro que le pertenece. Constituyen estas cifras, antecedentes extraordinarios. Sin embargo, no se deben sembrar falsas ilusiones sobre el contenido de una nueva carta Fundamental, si en ella no se garantiza desde ya la participación del pueblo a partir de una Asamblea Constituyente. Ello va a depender única y básicamente, de la fuerza que acumule el Proceso Constituyente, democráticamente desarrollado.

Si constatamos que no hay solución para la crisis en los marcos del actual sistema político, no significa que ahora no se pueda avanzar en la solución de alguno de los problemas que resultan del engendro teórico de Jaime Guzmán. Consideramos que el Proceso Constituyente abre espacios para potenciar el movimiento social. Por ello estamos y luchamos por una gran participación democrática. Se deben sumar más y más fuerzas para que participen en este Proceso. Éste se puede y se debe aprovechar, como medio vehículo, y oportunidad para invitar a nuestro pueblo a participar, para educar y explicar las razones de fondo por las cuales se debe terminar con el neoliberalismo. Posibilita reagrupar al movimiento social, crear colectivo. Debe aprovecharse para ayudar a construir una correlación de fuerzas sociales y políticas favorables a la alternativa democrática anti neoliberal. Es una excelente oportunidad que ayuda a crear fuerza social democrática. Es la enorme tarea, es el desafío que tiene el pensamiento democrático, históricamente formado en las luchas sociales, pone a prueba a sus auténticos representantes.

Consideramos este Proceso, como parte del combate anti dictatorial, bajo otras condiciones. Ello es así, desde el momento que se dirige a intentar terminar con el instrumento más cardinal, central y decisivo de la dictadura como es el del neoliberalismo legalizado e institucionalizado en la Constitución de 1980. De ahí que lo que se trata, es de sumar fuerzas para que este proceso culmine en una Asamblea Constituyente, que sea elegida democráticamente, en donde este representados todos los sectores de la sociedad chilena, de los pueblos originarios, y sobre todo, de los que constituyen su mayoría, los trabajadores

César Cerda Albarracín
Profesor Titular-UTEM
9.6.16

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