Columnas
2015-10-08
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Rosario Puga
colaboración de POLITIKA

“Las mujeres que buscan ser iguales a los hombres carecen de ambición” Reivindicación de Marilyn Monroe

Las mujeres que buscan ser iguales a los hombres carecen de ambición”, declaraba en sus días de gloria Marilyn Monroe. Siguiendo con la reivindicación de iconos del cine clásico les invito a revisar el genio y la figura de una de las mujeres más potentes del séptimo arte.

De ella se ha dicho de todo, que luchó contra el estigma de la rubia tonta, que sufrió la maldición de ser uno de los íconos más importantes de la historia del cine y que buscó desesperadamente un reconocimiento que nadie le daría. Sin embargo, si se trata de descifrar la atracción que ejerce sobre hombres y mujeres a más de 50 años de su muerte, vale la pena darla una mirada al mito con otras claves que iluminan la trágica vida que terminó en suicidio el 5 de agosto de 1962.

Monroe representa de manera insuperable el poder de seducción de la industria de la imagen. Su trayectoria es leída generalmente sólo desde las premisas de la industria, que pone en ella todo el peso de la venta de lo sexual que convierte los cuerpos de las mujeres en objetos. Con el tiempo se le ha victimizado, poniendo en su desafortunada adolescencia y en su maternidad frustrada el origen del desequilibrio que la llevó a buscar de manera obsesiva el respeto antes que el amor. Pero agudizando la mirada se ve que la posición que fue ganando dentro de la industria a partir de su condición de símbolo sexual abrió camino a las mujeres que vendrían después y obviamente ella lo pagó caro.

Tal vez era necesaria mucha más firmeza que la que ella tenía para enfrentarse a la maquinaria que la había creado pero si hay algo que no le faltó fue conciencia de lo que representaba. Tuvo la fuerza para alimentar el mito sobre sí misma y mantenerse como la número uno en la industria. Sin duda también es un icono de la mujer objeto, objeto del deseo pero fue esa posición la que ella convirtió en la base de su poder. Cometió errores como meterse con el clan Kennedy, que la despreció en la misma medida en que la convirtió en el mejor certificado de la masculinidad de los poderosos hermanos pero supo incorporar el episodio a su repertorio de seducción sobre las masas.

Sobre su talento, el sistema fue rudo con ella en gran medida porque se forjó un lugar en la comedia y en el drama. Nadie puede negar que supo profundizar en sus roles de cuerpo para dar forma a personajes inolvidables. He revisado muchas veces su registro en Los Inadaptados junto a Clarke Gable y Mongomery Clifft, con dirección de John Houston, y su representación está a la altura de sus compañeros de elenco. De hecho su actuación construye una de las más relevantes representaciones de la vulnerabilidad femenina que se hayan visto. También se debe reconocer que la picardía de sus mejores comedias es genio puro. Pero es probable que para la crítica fuera mucho reconocerle talento, ¿para qué? Si era perfecta y esa perfección funcionaba en la medida en que se borraba el límite entre personajes y persona. Y no importa cuanto haya luchado por el reconocimiento, a ella le atraía el poder que ejercía y mantuvo esa intensidad en toda su trayectoria.

Un capítulo de su vida que demuestra su creciente poder y que se sus biógrafos se cuidan de no contar, fue la efectiva defensa que hizo de su marido, el dramaturgo Arthur Miller cuando fue acusado y perseguido por la comisión de actividades anti norteamericanas. Una defensa donde la Monroe (a quien engañaba con un fea intelectual) demostró su poder, asumiendo su defensa pública y logrando que no fuera encarcelado.

A 53 años de su muerte la apreciación que hacen de ella otras mujeres ha cambiado a la luz de la valoración del dominio de la mujer sobre su propia sexualidad y del poder que ejerce con ella.
Monroe sabía que su ‘capital erótico’ era inmenso, y por eso aspiró al reconocimiento de sí misma como una mujer con poder. En el proceso contribuyó a la conformación de los imaginarios cinematográficos y eso también se lo deben otras generaciones de actrices.

Al respecto Lois Banner, profesora de Historia y Estudio de Género de la Universidad de South California, afirma: “era una mujer de carrera y se veía como tal; fundó su propia compañía productora -algo muy raro para las mujeres en el cine-; era muy buena en los negocios, veía a los ejecutivos de Hollywood como sexistas. Poco antes de morir cerró un lucrativo contrato con la 20th Century Fox”. La académica también destaca el papel que jugó al hacer público en los años 50, uno de los tabúes que fue bandera de lucha de las feministas en los ’70: su abuso sexual en la infancia.

La reivindicación de Marilyn se basa en el reconocimiento de cómo usó su capital erótico. Como señala Catherine Hakim, el capital erótico es, un capital personal tan valioso y concreto como el económico, el cultural o el social. Se trata de "una mezcla nebulosa pero determinante de belleza, atractivo sexual, cuidado de la imagen y aptitudes sociales, una amalgama de atractivo físico y social que hace que determinados hombres y mujeres resulten atractivos para todos los miembros de la sociedad, especialmente los del sexo opuesto". Y ese era su capital, ella como muchas otras sabía identificarlo con una dimensión física bastante obvia, pero el punto es que también fue capaz de llevar su expresión a un nivel de la cultura popular que la convirtió en lo que es hasta hoy. El problema es que cuando el capital erótico se tranza sin convencionalismo, el sistema cobra. Su rebeldía adquirió ribetes autodestructivos cuando hicieron su aparición los fármacos, tan en boga por aquellos años. Ese sería el veneno que la terminaría matando y quitándole toda posibilidad de elegir.

En el 62 el mundo que la había hecho empezaba a desaparecer y eso fue minando su resistencia. Presentía su pérdida de lugar y la soledad de la condición de mito. No resulta necesario especular más con su suicidio, eso es alimentar una mitología que ya tiene demasiados altares. Yo me quedo con sus películas donde sin duda esta buena parte de lo que quiso ser y donde se encuentra la expresión de un talento que permanece en el tiempo. Y si de actos cultos de culto al mito se trata, les recomiendo LOVE, MARILYN de Liz Garbus un interesante documental del 2012, que aporta una mirada profunda a su visión de la vida. Para lo demás están sus inolvidables películas.

Rosario Puga

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